domingo, 23 de marzo de 2014

Capítulo 7: "Te quiero."

Me marché de aquel sitio sin mirar atrás y sin mirar a donde iba, sólo quería relajarme, dejar de pensar en lo que acababa de pasar justo delante de mis ojos. No sabía a donde me dirigía, tampoco era que me importase, como si me perdía en un bosque y no volvía jamás. Me daba cuenta de que la calle estaba desierta de que no pasaba nadie, pero mejor, así podría relajarme mejor. ¿Pero cómo puede haberse peleado con Cody cuando le dije que no lo hiciera? Se lo advertí por su propio bien.

De repente, algo o más bien, alguien interrumpió mis pensamientos. Sentí como me tapaba la boca con su mano haciendo que me fuera imposible gritar, llevaba una fina toallita pequeña que envolvía la zona de mi nariz y mi boca. Quería huir, pero sus fuertes brazos me hacían imposible hacerlo. Lo último que recuerdo era como mis pies me dejaron caer en el suelo y mi corazón latía lentamente. Sí, había sido secuestrada.

--10 minutos después--

El ruido de un coche me despierta, pero no consigo ver nada. ¿Estaba en el maletero? ¿Qué demonios hacía en el maletero de un coche? El motor se para y la persona que lo conducía abrió la puerta y se dirigió a la parte trasera. Esta era mi oportunidad. "Hazte la dormida" "Cuando te saque de aquí, será tu oportunidad", pensaba en mi cabeza.
Abrió la puerta y me hize la dormida. Pero, sentí como él reía al mirarme, ¿qué le hacía risa?

-Venga, preciosa, sé que estas despierta. Sólo dura unos minutos, es imposible que estes dormida.-dijo él. Fue entonces cuando abrí los ojos poco a poco y lo ví. Era un hombre, mayor, de unos 45 años, era moreno, alto, su cara me sonaba familiar, pero aún no sabía quien era.
-Reconosco que eres inteligente, pero no puedes jugarmela tan fácilmente, preciosa- volvió a hablar él, seguro de sí mismo.
-¿Quien eres?-pregunté.
-¿Segura que quieres saber la respuesta?
-Entonces no lo preguntaría, ¿no crees?
-A mí no me hables así. A partir de ahora, me llamarás "señor" y me respetarás.
-No voy a hacer ninguna de esas dos cosas, tú no eres nadie para secuestrarme y pedir a cambio, que te respete.- dije- Entonces fue cuando su mano rozó mi mejilla tan fuertemente como una piedra.
-Te he dicho que no me hables así, preciosa.- dijo. Yo me límite a tocar mi mejilla suavemente, me ardía. Esta vez, no había sido como cuando mi tía me pegaba, él era más fuerte que ella. -Vámonos.
-Yo no voy a ningún lado.-dije. Me encontraba en una casa enorme, apartada de la ciudad.
-Como quieras, no podrás irte de aquí, y menos gritar, estamos a kilómetros de la ciudad, dudo que alguien te escuche.-rió él. ¿Le parecía gracioso?
-¿Por qué no me deja en paz?
-Porque eso no es divertido.
-¿Le parece divertido ver como la gente sufre por su causa? ¿Le parece gracioso que la gente se aparte de su vida, su familia, sus amigos por que a usted le haga gracia?
-No tienes familia, preciosa. Tú y yo sabemos perfectamente que tu familia está o muerta, o quiere verte muerta, que no tienes amigos, y que lo único que quieres hacer es irte lejos de todo, de tí. Por eso te ibas sin saber a donde, ¿cierto?- dijo él. ¿Cómo sabía todo eso? ¿Sabía toda mi historia? Algo en él y en sus palabras me hacía pensar que no me había secuestrado por ser la única chica sola de la calle, si no, por algo en concreto.
-¿Cómo.. Cómo sabe eso?-pregunté con la voz entrecortada.
-Sé más de lo que te imaginas.- contestó.
-Pero, ¿quién se lo ha contado, por qué?
-No te interesa saberlo.
-¿Me ha secuestrado por algo en concreto, verd...
-¡Te he dicho que no te interesa!-me gritó él. Yo me límite a callarme. -Vámonos, entra.

Me cogió fuertemente del brazo y entré junto a él a aquella vieja casa. Los cristales eran a prueba de golpes, era una casa pequeña, pero muy hogareña. Me subió a un pequeño cuarto y lo cerró con llave.

-Cuando sea la hora de la cena, abriré la puerta. No toques nada.-dijo desde fuera y oí cómo bajaba las escaleras una a una hasta llegar abajo.

Me tiré en el suelo con la única esperanza de romperme un pie o que hubiera un crital en él. Puse las manos en mi cabeza y comenzaron a salir lágrimas de mis ojos rápidamente, sin esperarmelo. Hace unos minutos lo único que quería, sólo era alejarme de aquel sitio, de él, de ellos, de todo lo que me hacía mal. Pero, ahora me doy cuenta de lo mucho que me hace falta. No, esos malos recuerdos. Si no, él. Me hace falta. Son estos momentos en los que lo necesito aquí cerca, que me diga que todo va a estar bien aunque sepa que no lo será. Que me sonría, porque es la única manera de que yo lo haga. Que me acaricie la mejilla, y me haga sentir una princesa, porque él es único que me hace ver lo bueno que hay en mí.
Sólo, lo necesito. No es una sensación que sepa explicar con palabras. No es algo que se pueda describir. Pero, sólo sé que cuando él está a mi lado, problemas como este, no son nada.

Pasaron unas horas y aún seguía aquí arriba, nunca me había sentido con tantas ganas de salir, de poder sonreír, de poder reír. Pero no os imáginais cuantas ganas tenía de poder volver al sitio donde estaba hace unas horas y poder dejarle hablar y explicarse. Poder perdonarle. Poder sentir su mirada en la mía.

-Baja ya, vamos a cenar.-dijo aquel hombre abriendo la puerta con el mínimo ruido. Yo le acompañé, sin decir ni una sola palabra. Me senté en una de las sillas de aquella mesa de la cocina y delante mía encontré un plato con arroz, sólo cogí el tenedor con miedo a que empezara a hablar, pero así fue.
-¿No vas a darme las gracias?
-Ah, sí, se me olvidaba, darte las gracias por haberme secuestrado contra mi voluntad y haberme traído a esta casa, aislada, sin poder volver a ver a mi tía, a mi perro ni volver a tener una vida normal. Gracias, eh, te debo la vida.-dije notando el sarcasmo en cada una de mis palabras.
-Hablo sobre haberte preparado la cena, imbécil. Vuelve a hablarme así y no volveras a comer nada de lo que te prepare y no será porque no lo cocine.-dijo él furioso.
-¿Por qué a mí? ¿Por qué me secuestrastes a mí?
-Te he repetido mil veces que no te importa.
-Sí me importa, quiero saberlo.
-¿Y tú para qué quieres volver a tener aquella vida? Tu tía te odiaba, no te dejaba hacer nada, te pegaba, tu único amigo era un perro, ¿sabes lo raro que suena eso?
-Es la única persona que me apoyó y estuvo a mi lado cuando mis padres murieron.-respondí.
-Es un perro.
-Pero tiene más sentimientos que un ser humano.
-No tenías amigos, y luego mi hijo era el único que te ayudó cuando se mudó aquí con su mad...
-Un momento, ¿tu hijo?-pregunté.
-Sí, ¿no te lo había dicho?
-¿El qué?
-Zayn, sí, Zayn Malik, es mi hijo.

Es decir, él era el padre de Zayn. ¿Le habría pedido él que me secuestrara? ¿Sería él un secuestrador como su padre? No entendía nada, sólo habían miles de preguntas que pasaban una tras otra en mi cabeza sin saber ni una respuesta de ninguna.

-¿Cómo puede...
-Desde pequeño, siempre le hize la vida imposible, nunca le quise, era un estorbo en mi vida, su madre nunca lo supo, hasta que cumplió los catorce años y tuvo la valentía de decirselo a su madre. Pasaron dos o tres años y comenzé a maltratar a su madre, y fue entonces cuando se mudaron aquí buscando paz. Pero, he vuelto. Y aunque él no me haiga visto, he estado observandolo, mirando todos sus pasos, mirando lo que era más importante para él, y te encontré a tí. Desde que sepa que te has ido y nunca más volverás, le haré la vida un infierno.- me había confesado todo.Todos sus pensamientos, y realmente nunca había escuchado unas palabras tan crueles y menos, de un padre. Nunca había visto que un padre odiara tanto a su hijo.

De repente aquellas ideas de que Zayn fuera el que le había pedido secuestrarme o que él lo era también, habían desaparecido de mi cabeza. Después de todo, no entiendo porque nunca quiso contarme que su padre nunca lo quiso, no sé porque me lo ocultó. Supongo que los mismos motivos que yo de ocultarle cosas de mi tía y de mis padres, tendría. Pero, después de todo, comprendí que no eramos tan diferentes el uno del otro.

-Aún hay algo que no entiendo.
-No te pido que entiendas. Me preguntastes que por qué te secuestré a tí, y ahí tienes la respuesta.-explicó.
-Sólo quiero saber, ¿por qué siempre has querido hacerle la vida un infierno? Es decir, es tu hijo.
-Es dificil de explicar.
-Tengo tiempo.-dije. Y qué verdad tan grande. Tenía todo el tiempo del mundo.
-Cuando su madre y yo eramos jóvenes, le dije que nunca quería tener hijos, pero ella tenía ilusiones de tener al menos uno, aquella noche tuvimos una gran discusión, pero a las pocas horas, se nos pasó y volvimos a hablarnos, entonces a las pocas semanas, me dió la noticia de que se había quedado embarazada y para mi sorpresa, no quiso abortar. Yo le insistía en que no sería un buen padre, y ella me respondía que nadie nacía naciendo buen padre, eso se aprendía con el paso del tiempo. Pero mi orgullo me llevó a querer que ella abortara a aquel bebé.
-¿No querías tener el orgullo de haber aprendido a ser padre y poder haberle enseñado a caminar, a hablar y haberlo llevado cada día a la escuela? ¿De haber crecido con él?
-Lo único que quería en ese momento era no tener a ese bebé, pero no pude hacer nada y fue cuando nació, desde aquel día, cuando él se quedaba conmigo, no sabía qué decirle o cómo tratarlo, así que decía cualquier cosa y él acababa llorando en su habitación.
-¿Qué edad tenía?
-Unos siete años.
-Igual que yo.-susurré yo.
-Supongo que serían los nervios, y el no saber cómo tratar a alguien lo que me llevó a hacerme el duro delante de él. Lo que más me molesta es no haberle podido pedir perdón y haber sido yo el que nos separara.
-¿Y por qué no lo haces ahora?
-Porque ya es demasiado tarde.-dijo levantandose de la mesa.
-No lo es. A puesto a que él aún sigue esperando a que le pidas perdón. No sabes lo que daría por que mi padre bajara del cielo para darme un abrazo y volver a encontrarnos. Él por dentro querrá volver a hablar contigo y recuperar el amor que desde pequeño le faltó.
-No puedo.-respondió.
-Si puedes, sólo que tu orgullo es más fuerte.
-¡Vete!-gritó él señalando las escaleras furioso.
-¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo?-pregunté sorprendida.
-No quiero seguir hablando de esto.- contestó. Yo subí aquellas escaleras y me encerré en aquella habitación, me tumbé en ella y decidí cerrar los ojos. Sólo quería al menos, haberle hecho pensar y haberle hecho recapacitar. Pero, con personas así era muy dificil.

Lo único que me quedaba por entender era, ¿por qué querría secuestrarme él a mí? ¿Sería verdad que yo era lo que más le importaba a él? ¿Sería cierto que no podría vivir sin mí?

martes, 18 de febrero de 2014

Capítulo 6: "Te quiero".

-¿Quién es?-susurró Zayn cubriendome. Protegiendome.
-¿Qué haces aquí?-rió aquel chico que recordaba perfectamente.
-La pregunta es, ¿qué haces tú aquí?¿No te habías ido?-pregunté yo sin entender nada. Me imagino cómo estaría Zayn.
-He vuelto-sonrió él travieso.
-¿Por qué?
-Te hechaba de menos, tonta.-dijo él revolviendome el pelo como si fuera un perro. Zayn cogió fuertemente su brazo y se puso en frente mía.
-Déjala en paz-dijo.
-No hace falta, Zayn..-susurré en su hombro. No era necesario que lo hiciera. Él podría pegarle y dejarle en el suelo sin piedad a Zayn, y no quería que eso pasara.
-Ya veo que tienes a un guardaespaldas que te protege, ¿no es así?-preguntó él soltando una risa sarcástica.
-Sí, ¿tienes algún problema?-saltó Zayn. En serio se estaba buscando una buena de parte de él. Sabía que no se controlaba y cuando lo enfadaban era capaz de todo.
-Eh, blancucho, no te alteres eh, aquí somos todos amigos.-dijo.
-Tú y yo no somos amigos.
-¿Ah sí?¿Quieres ir por ese camino?
-Eres tú el que ha venido aquí y busca que le revienten la cara-dijo Zayn.
-Zayn, no hace falta que...-pero era tarde. Zayn ya había recibido un puñetazo en la mejilla que hizo que sangrara.
-No te hagas el chico fuerte cuando no eres nada.-dijo aquel chico de pelo castaño y ojos verdes con la luz del sol y con un tono amarillo por la tarde. Merecía irse al infierno.
-Déjenlo ya. Basta.-pedí una vez más. Si seguían iban a acabar mal. Los dos.
-No te metas-exclamó.
Zayn no se quedó quieto y golpeó la cara de él en menos de un segundo y lo dejó en el suelo. Pero, ninguno de los dos se daba por vencido. ¿Por qué tanto interés en pelearse?
-¡Ya está he dicho, paren!-grité. Era como invisible. Ninguno de los dos me escuchaban.
-Lo hago por tí-dijo él levantandose del suelo y miró a Zayn con mala cara tocando la herida que le había hecho en la mejilla. La tenía bien merecida- Esto no acaba aquí.
-Venga, estaré esperando.-dijo Zayn. Aquel chico que creía haber quedado en mi pasado, se iba. Pero algo me decía que esto no había terminado. Que esto no sería tan fácil para nosotros. Que ahora que había vuelto, ya nada sería igual para ninguno de los dos. Había vuelto, y esta vez, más fuerte que nunca.

-¿Estás bien?-le pregunté quitandole con un pequeño pañuelo de mi bolsillo las manchas de sangre que tenía en la mejilla.
-Sí, estoy bien-contestó.- ¿Quién era ese tío?
-Un chico de mi infancia..-me limité a contestar. No quería que él supiera todo lo malo que me hizo pasar aquel chico. Fue horroroso. Creía que me había librado de él cuando se marchó con su madre. Pero no sé por qué, ha vuelto y ahora, no sé qué hacer.
-¿Cómo se llama?-siguió insistiendo.
-¿Por qué quieres saber más sobre este tema?
-Bueno, supongo que somos amigos y quiero que me cuentes por qué ese chico te trata tan mal. Te protegeré siempre, ¿recuerdas?-preguntó mirandome fijamente. Era más alto que yo, pero aún así podía ver como me sonreía.
-Cody.-contesté.
-¿Era amigo tuyo desde pequeña o qué pasó con él?-preguntó él.
-No exactamente. Estabamos juntos en clase. Él era como el chico perfecto para todas mis compañeras, siempre andaban detrás de él. Eramos amigos desde la guardería, pero el orgullo le hizo pasar una mala jugada. Empezó a creer que era el más guapo de sus amigos, luego de la clase y luego del colegio. Se reía de mí, me insultaba. Sus amigos llegaron a pegarme y una vez llegó a burlarse de la muerte de mis padres.
-Ese idiota. Le odio. Ya sabía yo que era una persona horrible. ¿Cómo puede reírse de tí? Y menos de la muerte de tus padres. Eso es no tener corazón.
-Espera, hay más.- él asintió y me dejó seguir- Una vez llegué a tener una amiga, y desde que empezó a salir con ella, dejó de serlo. Pero eso fue cuando eramos más pequeños. Desde entonces no suelo hablar con nadie.
-¿Y por qué se fue?
Era el típico chico al que se le daban genial los deportes. Lo llamaron para una liga de baloncesto en Londres y se mudó allí con su madre. -explicé.
-¿Y su padre?
-Están separados.
-¿Y por qué ha vuelto?
-Seguramente habrá terminado la liga o sólo quiera volver para hacerme la vida un asco.
-No te preocupes, siempre me vas a tener a tu lado. No te va a hacer daño.
-Eso es lo que tú crees, Alejandro es fuerte. Demasiado fuerte, si vuelven a pelearse, no va a poder controlarse. Puede que alguno de los dos acabe mal, y puede que ese, seas tú.
-No pasará nada. Si es por protegerte a tí, no me importa.-dijo cogiéndome de la mano suavemente. Su mano era delicada, suave. La sensación de volar estaba ahora sucendiendo en mi vida. Parecía como si estuvieramos volando en una nube. Él acercó su cara chocando su frente con la mía y sonrió soplando un poco de aire por su nariz. Su sonrisa era definitivamente mi droga. Veía como se acerca y ...
-Se está haciendo tarde-dije interrumpiendo aquel hermoso momento.
-Es verdad. Lo siento. Vámonos.- dijo él. La había fastidiado. Pero, sentía miedo. Mucho miedo. Era demasiado pronto, no quería ilusionarme con algo que mañana podrá estar en mi contra. ¿Y si todo lo que me dice es sólo para enamorarme?¿Y si se va como Alejandro o termina odiándome cómo él?. Muchas preguntas invadían mi mente y ninguna tenía una respuesta aún.
Después de unos cuántos minutos, conseguí llegar a mi portal. Me paré en frente de él, para subir las escaleras hacia la puerta pero él me interrumpió.

-Raquel-me llamó Zayn.
-Dime-dije dándome la vuelta para poder verle.
-Perdón.
-¿Perdón?¿Por qué?
-Sí, no debería de haber precipitado las cosas.
-No pasa nada. Es que no estoy acostumbrada.-dije haciendo unas pausas en algunos momentos de la frase.
-Entiendo-dijo suspirando.- Nos vemos mañana.
-Claro, adiós Zayn.
-Adiós Raquel.

Me despedí y entré a mi casa. Estaba cansada. Todo estaba pasando demasiado rápido para mi gusto. Pero ahora me esperaba lo peor. Mi tia.

-¿Raquel?¿Eres tú?-preguntó ella desde el salón.
-Sí, soy yo.
-¿Por qué has llegado a esta hora?-preguntó. ¿Y ahora qué le decía?, si le decía que había estado con Zayn, estaría muerta. No por ser él, si no por ser un chico.
-Es que...
-La verdad, jovencita. No quiero excusas inventadas.
-He ido con un amigo a un descampado.-contesté. Sabía que estaba corriendo el riesgo de que mi tía me partiera la cabeza en dos. Pero, no quería mentirle.
-¿Con un amigo?-preguntó ella. Yo cerré los ojos, me esperaba lo peor. Pero al abrirlos, me encontré con ella en frente mía, estaba calmada. No me esperaba para nada ese comportamiento de mi tía. -¿Por qué cierras los ojos?
-Me pensaba que me ibas a pega...
-¿A pegar?
-Sí- tragué saliva y la miré un poco aterrorisada.
-No, no voy a pegarte. Bueno, ¿y quién es ese chico?-preguntó ella interesada. Esto me parecía demasiado raro como para ser real.
-Se.. Se llama Zayn.-dije.
-¿Aquel chico que estuvo contigo en la comida de navidad?-yo asentí con la cabeza.- Es bastante guapo- sí, lo era. Yo reí por lo bajo.
-Supongo que sí.
-Bueno, vete a bañarte.-dijo mi tía. Estaba cambiada. No sé, más dulce.

Y así lo hice, me bañé y luego, me puse a hacer los deberes que habían marcado de literatura y matemáticas. Odiaba las matemáticas, aún sigo preguntandome que para qué me sirve saber cuál es la raíz de 16.
Pasaron las horas, y llegó la hora de irme a dormir, así que me despedí de mi tía y de Sam y me acosté.

|| Al día siguiente. ||

Me despertó mi vieja y ruidosa alarma. Me daba mucha pereza levantarme de la cama a estas horas, pero lo hize. Me lavé los dientes, me vestí y corrí a desayunar. Allí, tuve una corta conversación con mi tía y me despedí de ella y de Sam para salir corriendo al colegio, al que llegaría tarde.

Y así es, ya la señorita estaba dando álgebra y lo único que no quería es ser la atención de las miradas de la gente así que cogí asiento. Las horas pasaban lentamente sin piedad una tras otra. Era un infierno.
Pasó la media hora del recreo y no había visto a Zayn por ningún lado. ¿Dónde se había metido?¿Estaría castigado o estaría malo en su casa?. Era muy raro que haigamos estado ayer juntos y no hubiera venido a clase.

-Raquel.-exclamó Natalia, una de las mejores amiga de Valentina.
-¿Qué pasa?
-¿Lo has oído?, Zayn y Alejandro se están peleando en frente del baño de chicos.
-¿Qué?-exclamé aún sin creermelo.
-Sí.

Corrí inmediatamente hacia aquella dirección que ella me había dicho antes. Estaba desesperada. ¿No le había dicho a Zayn que no se acercara más a él?. Cody no mentía cuando dijo que eso no acababa a mí. Pero seré yo la que ponga punto y final a este asunto. No quiero que ninguno de los dos salga herido, ni por mí, ni por nadie.
Ví como Zayn estaba tirado en el suelo y Cody pegaba su mejilla sin ninguna compasión. No podía ver esto.

-¡Parad!-grité en medio de aquel montón de gente reunida sólo por verlos pelear. Los dos chicos tirados en el suelo, me miraron sorprendidos por aquel grito y pararon de golpearse en un instante.
-Raquel..-me llamó Zayn al verme.
-Te dije que te mantuvieras lejos de él.- le dije.
-Lo sé pero...
-No, no quiero hablar más de esto.
-Ves Raquel, no te hace caso. Deberías dejar a ese inútil tirado. Seguro que él ya ha dejado tiradas a muchas en este mes. -se entrometió Alejandro detrás de nosotros.
-No le escuches. Sólo quiere hacernos enfadar, Raquel yo...
-Pues lo ha conseguido.

Quería marcharme ya de aquel sitio. No quería verle, no sabía por qué. Bueno, realmente, me había defraudado, me había decepcionado. Y sí, sé que no tiene por qué hacerme caso. Pero le dije perfectamente que no debería de haberse metido con él. Le dije que acabaría mal. Pero, se ve que no me hace caso. Y sí, también sé que no debe de hacerme caso, porque no soy su madre ni nadie de gran autoridad sobre él, pero me importa que esté bien y que no le pase nada. Y sí, han oído bien. Me importa.

domingo, 16 de febrero de 2014

Capítulo 5: "Te quiero"

-¿Qué?-pregunté incrédula. ¿En serio acababa de pedirme que le besara?¿Él a mí?
-Perdona. No quería incomodarte para nada.- contestó él inmediatamente.
-No, no. Solo que no me esperaba...
-Sí, lo sé.
-Bueno, mejor me voy-dije yo dandome la vuelta para seguir mi largo camino hasta casa. A la cuál no quería llegar, seguro que mi tía me tenía preparada unas cuántas tareas para hacer durante la tarde.
Sentí cómo delicadamente tomó mi brazo, lo que hizo que no pudiera seguir caminando. Me giré y pude ver sus hermosos ojos mirándome fijamente. ¿Era un sueño?
-Espera-me pidió con una sonrisa traviesa en su rostro. -Quédate.
-Tengo que irme. Mi tía me estará esperando. Lo siento.
-¿Y qué pasa?, seguro que puede esperar, ¿no?-insistió él. Tramaba algo. Aquella mirada no era muy típica en chicos como él.
-¿Qué estás pensando?-pregunté con una sonrisa en mis labios.
-Quiero que sea una sorpresa, así que, si me haces el amable favor de seguirme.-dijo con una voz amable simulando ser todo un caballero agarrandome de la mano.
 -En serio, tengo que ir a mi casa. Mi tía me matará si llego tarde.-y no mentía. Volvía a llegar tarde como aquella vez y sería carne para los perros.
-Tú espera aquí.-pidió. Y así lo hize, suspiré resignada y esperé en medio de la acera a que él viniera. No venía y yo me desesperaba. ¿A donde diantres iría?
De la nada aparecen detras mía apoderandose de mi visión y tapando mis ojos con una fina toalla.
-¿Zayn?
-Sí, soy yo-rió detrás mía. Lo que me dió confianza.
-Me das miedo.
-No tengas miedo. No hay nada que temer.- dijo y tomó mi mano. Eso hizo que miles de emocionos corrieran por mi estómago de una manera inesperada. Corrían mariposas de un lado a otro y sentía como mis mejillas comenzaban a arder.
-No veo nada, Zayn.
-Esa era la intencion.-rió más fuerte. Aún sin ver nada, su risa hacía que confiara en mí misma. Me ayudaba a pensar que nada malo iba a pasar. Con él, estaba segura.
Caminamos durante un largo camino, mis pies se estaban cansando. Pero, por más que le preguntara dónde estabamos, él insistía en que sería sorpresa.
Destapó la pequeña toalla de mis ojos y los abrí delicadamente como si fuera la primera vez que los abría y pude ver aquel hermoso paisaje. Era un descampado, encima de una colina. Podía ver como el sol nos alumbraba desde allí arriba y sentir como el viento chocaba contra mi cabello. Se sentía tan bien. Era una sensación indescriptible.
-Zayn, es precioso.-me limité a decir. Cerré mis ojos y me concentré en mi respiración.
-Sabía que te gustaría.
-Me conoces muy bien cómo para solo haber hablado conmigo unas semanas.-dije.
De repente, siento como unas fuertes manos sujetan mi cintura elevandome casi al cielo. Abrí los ojos inmediatamente, buscando a aquel culpable que había interrumpido aquel momento. Y era él, con aquella perfecta sonrisa nadie podía enfadarse con él.
-Zayn, bájame.
-¿Y si no quiero qué pasa?-reía él. Sus fuertes brasos alrededor de mi cintura me hacían sentir protegida aunque estuviera al menos a un metro del suelo.
-Por favor, Zayn bájame, es peligroso-pedí una vez más. Era un cabezota.
-Me gusta lo peligroso.
-¿Y quieres que me mate, no?-pregunté.
-No, eso es lo último que quiero.
-Pues eso va a pasar si no me bajas ya.
Y me obedeció me dejó en el suelo suavemente y pude sentir como mis pies pisaban el suelo, como debía ser. Él volvió a reírse, lo que provocó una risa por parte mía y sin motivo alguno, acabamos los dos riendo en aquella colina.
-¿De qué nos reímos?-pregunté.
-De que eres una cobarde.
-¿Yo?¿Una cobarde?, serás tú una mala persona que hace pasar miedo a la gente encima de una colina.
-Yo no soy mala persona.
-Sí lo eres, admítelo.
-No lo soy, admite tú que eres una miedosa.
-¿Miedosa, yo?, he visto Scary Movie cinco veces. Supéralo.-dije.
-Pues yo ayudo a las personas necesitadas.
-¿En serio?-exclamé enternecida.
-No, pero quiero hacerlo-rió a carcajadas y al rato, después de haberle mirado mal, no pude evitar hacerlo yo también.
-Eres un idiota.
-¿Volvemos a empezar cómo hace un rato?
-No, gracias-reí.
-Pues yo aún sigo esperando ese beso-dijo él.
-¿Ah sí?, sólo si me coges-dije esta vez yo y comenzé a correr colina abajo. Él me persiguió. Pero admitamoslo, era más rápido que yo. Caímos colina abajo los dos juntos y acabamos tirados en el cesped. Los dos. Con el sol alumbrando nuestras caras. Él me sonrió y yo hize lo mismo. Apoyó su cabeza en su hombro y nos miramos. El silencio reinaba entre los dos.
-Eres hermosa.-dijo él. Podía escuchar perfectamente el ruido de su respiración y el de la mía. Cuando decía este tipo de cosas, el corazón se me paraba y la mente se me bloqueaba. Nunca sabré qué responder a estas cosas. Si supiera lo perfecto que es él para mí.
-Supongo que me mientes.
-Nunca haría eso. Eres hermosa.
-Vuelves a mentirme.
-No te miento. Yo soy feo.
-No eres feo.
-Ahora la mentirosa eres tú-dijo él mirandome.
-Nunca sería capaz de mentir a alguien.
-Pues creéme cuando te digo que nunca había visto a nadie como tú.
-¿A nadie tan fea?
-A nadie tan perfecta.-dijo con una sonrisa dulce en sus labios. Sus ojos me decían que no me mentía, que me decía la verdad. Sus ojos me transmitían la confianza que nunca nadie me había expresado y que tanto necesitaba.
-No hay nadie perfecto en el mundo.- dije. Pero yo sabía perfectamente que eso era mentira. ¿Y sabéis por qué?, por que hace unas semanas, pensaba justamente eso. Pero luego, me sonrió, y hasta ese momento, ya no sé qué pensar.
-Tú y yo sabemos que eso no es cierto.
-Sí, lo es. Nadie es perfecto. Todas y cada una de las personas tienen fallos y cometen errores. Es imposible que nadie nunca los cometa. Es algo que ocurre y ya está.
-Pero los fallos y los errores hacen la persona que eres. Y así como eres, eres diferente a las demás.
-¿Eso es malo, no?
-Al contrario. Significa que nunca ví a nadie como tú. Que últimamente lo único en lo que piensan las chicas de hoy es en creerse mejor que las demás cuando en realidad no son nada. Que creen que insultando a las demás personas, son mejores que ellas. Que creen que pueden poner una etiqueta a la vida de las demás personas. Y no es así. Y tú eres diferente, eres tímida, callada. Esa chica que se hace la fuerte, aunque sea más frágil que un jarrón de cristal. Crees que la gente siempre va a intentar romperte. Pero lo que no sabes es que ahí voy a estar yo, para que nadie lo haga. Así que cuando estés cansada, cuando sientas que no puedes más. Cuando creas que nada vale la pena. Aquí estoy yo. Porque nada ni nadie, va a quitarte esa sonrisa, ¿entendido?

¿En serio me estaba diciendo esto?, júrenme que esto no es un sueño y que dentro de unos segundos despertaré. Jurádme que por fin en toda mi vida, me estaba pasando algo bueno. Y que nunca se va a ir. Decidme que mañana él seguirá aquí conmigo, porque es lo que necesito. Sé que lo conosco desde hace poco, pero solo hace falta que te diga todo esto, para quedarse adicta de su perfume,  y de su sonrisa. Así que decidme, que esto es real. Porque es lo que necesito.

-No sé que decir, Zayn. De verdad, me has dejado sin palabras.
-No hace falta que digas nada, sólo quería que lo supieras.
-Gracias de verdad-dije sonriendo. Él hizo lo mismo.
-Bueno, creo que ya va siendo hora de que nos vayamos. Tu tía se va a enojar bastante contigo.-dijo él ayudandome a levantarme.
-Por culpa tuya.
-¿Culpa mía?
-Sí, fuiste tú el que me trajo aquí.
-Tienes razón, pero admite que te encantó venir aquí.
-Lo admito-dije mirando el sol, aún seguía brillando. Tan fuerte como siempre. Ojalá fuera tan fuerte como él y pudiera siempre estar alumbrando a los demás. Ojalá.
-Siempre venía aquí con mi hermana. Nos acostabamos en el cesped y mirabamos las nubes.-dijo él. Pude ver como escondió con su mano una lágrima salir de sus ojos rápidamente.
-No llores.-pedí mirandole fijamente.
-Es que..
-Es que nada. No quiero que vuelvas a soltar una sola lágrima de esos hermosos ojos que hacen que me ponga nerviosa cada vez que te veo, ¿de acuerdo?-dije inmediatamente sin darme ni siquiera cuenta de lo que estaba hablando. ¿En serio había dicho yo esa cursilada?
Él me miró sorprendido. No se esperaba que le hubiera dicho eso. Y yo tampoco. Le había dicho en pocas palabras que me encantaba la manera en que miraba, ¿o no?
-Raquel...
-No, no hace falta que me digas que la acabo de fastidiar.
-No era eso, es que no me esperaba que dijeras..
-¿Qué dijera eso?, ya, yo tampoco quería decir eso.
-¿Entonces no...?
-No. Bueno. Sí. A ver, no sé explicarlo.
-Puedes hacerlo. Sólo quiero saber si lo que acabas de decirme, era real.
-¿La verdad?
-Tú misma dijistes que no serías capaz de mentir.
-Es... Es real.
-Bien.-dijo.
-¿Bien?-pregunté sin entender aún.
-Sí, bien. -sonrió él. Esa sonrisa conseguía que se me olvidara todo. No sabía por qué, ni cómo, pero conseguía que todo pareciera una sonrisa. Me estaba haciendo adicta de su sonrisa.
-¿Bien por qué?
-Por que aún no te he dicho una cosa. Y no sabía si decirtela ahora o cuando pasara más tiempo.
-Dímela. -dije nerviosa. ¿Qué querría decirme?, seguro que me diría que no querría verme más o algo por el estilo.
-¿Raquel?¿Qué haces aquí?-preguntó alguien detrás de Zayn. Los dos nos dimos la vuelta sin pensarlo dos veces. Pero... ¿Qué hacía él aquí?

martes, 4 de febrero de 2014

Capítulo 4: "Te quiero"

Me dijo su nombre, sinceramente, nunca había escuchado aquel extraño apellido. Pero, no me enteraba de lo que estabamos hablando ahora mismo, ya que solo me fijaba en su sonrisa. No sabía cómo, tampoco sabía por qué, pero aquella sonrisa hacía que sintiera algo que nunca había sentido desde que llegué al mundo. Mis padres me hablaban de esto cuando era pequeña. Me decían que algún día llegaría alguien que me hiciera feliz, algún chico que quiera verme sonreír y se atreva a dar la vida por mí. Ese chico parecido al de mi cuento de hadas que siempre había soñado.
Pero, ¿y si no es él? ¿y si es uno de esos chicos que enamoran a las chicas para hacerlas sufrir luego? ¿y si algún día me hace sufrir?. No, no quiero volver a sufrir, quiero pasar página y tener al menos un motivo por el que sonreír cada día, una persona que me de motivos para no volver a llorar. Lo conozco desde hace casi dos días, y se puso a mi lado, preguntandome cómo estaba, haciendome sonreír por primera vez en siete años. Pero, no quiero ilusionarme, no quiero creer en algo que algún día puede dejar de estar a mi lado. Porque aprendí que lo que una vez estuvo a tu favor, mañana puede estar en tu contra.

-¿Y qué hay de tí?¿Qué hay de tu vida?- me preguntó mirándome a los ojos, haciendo que despertara de mis pensamientos y volviera a la realidad.
-¿Qué?¿De mí?-le respondí con una pregunta.
-Sí, te estoy hablando a tí, tonta-rió con aquella hermosa sonrisa.
-Sí, claro, pero, ¿por qué preguntas?-dije intentando esquivar aquel tema. No querñia que supiera más de mi asquerosa historia.
-No sé, quiero saber más sobre tí, somos amigos, ¿no?
-Sí, eso. Amigos.. -suspiré. Sabía perfectamente que solo quería ser mi amigo, en fin, nunca me han dicho nada bueno sobre mi aspecto, solo se basan en pequeños insultos a los que no les pongo mucha importancia.   Bueno, sin contar las veces que mi padre solía decirme que era la niña más bella de todas.
-¿Estás bien?¿Te pasa algo?-preguntó interesado por mi estado de ánimo. Pero, en realidad, sabía que no le importaba.
-Sí, estoy bien- contesté intentando parecer convincente.
-¿Y por qué no quieres contarme nada sobre tí ni sobre tu vida?-insistió. Me había pillado, ¿por qué no quería contarle nada?, sinceramente, la respuesta solo la entiendo yo. No puedo dejar que sepa mi historia y se haga mi amigo solo por darle pena. No quiero aparentar ser la pobre chica débil, por que así, es como más te daña la gente. Creen que eres frágil, y te ven una presa fácil. Así que, quiero que me vean como la típica mujer fuerte, que puede superar cualquier cosa. Aunque sea mentira.
-Pues porque nos conocemos desde hace muy poco y no tengo por qué contarte lo que pasa o deja de pasar en mi vida, ¿entendido?, no comprendo por qué tanto interés en mi vida si solo soy una más, solo somos "amigos"- exclamé sin pensarlo y corrí rápidamente hacía mi casa. No quise mirar hacía atrás, ni siquiera avisé a mi tía, solo quería huir de ese lugar lo más rápido posible.

Recogí las llaves de mi casa en la maceta del porche, y abrí la puerta. Sin pensarlo dos veces me tiré en el suelo para abrazar a Sam, el cuál me estaba esperando allí. Él siempre estaba allí, a mi lado. Nunca me ha fallado. Nunca le importó mi historia, ni quien era, ni de dónde venía. Siempre estuvo ahí.
Me senté en mi vieja cama de mi oscura habitación intentando parar de llorar, pero mis lágrimas no paraban de salir de mis ojos. Era incontrolable. Había quedado como una idiota delante de una persona que por fin, en tanto tiempo, había hecho que sonriera. Había quedado como una imbécil, delante de la persona que hizo que sintiera algo diferente de lo que estaba acostumbrada. ¿Amor?, No, imposible.

-¿Y ahora qué hago Sam?, no puedo volver atrás en el tiempo, pero, si lo hiciera, tampoco le hubiera contado nada sobre mí. No sé, ¿crees que he hecho lo correcto?-pregunté en voz alta a mi fiel amigo. Él comenzó a ladrar moviendo la cola sin parar- Eso creo que es un no, ¿verdad?

Recosté mi cabeza en la almohada y sequé mis lágrimas con mis dedos.
"¿Por qué todo me salía mal?", me preguntaba a mí misma. ¿Por qué me pasa algo bueno en la vida y lo estropeo?, será que fue un error habernos conocido. Será que no debería de haber aparecido en aquel parque, ni haberme sonreido, ni haberme hablado. Seguramente, fue una casualidad. Una tonta casualidad, que no debería de haber pasado... Nunca.

{Una semana después}

Pasaron unos cuantos días, y cada vez que lo veía caminar, era algo, no sé, extraño. Lo miraba y mi corazón se paraba de una manera en la que podia oír los látidos con claridad. No sabía lo que me pasaba, pero jamás me había pasado. Él me seguía saludando, con aquella sonrisa que me ponía nerviosa, lo admito. Pero, yo no lo saludaba. Lo sé, soy cobarde. Pero, no puedo. No puedo saludarle como si no hubiera pasado nada, no puedo hacer como si no hubiera quedado como una idiota. Y cómo le grité aquella noche. No lo consigo olvidar.

Ya era el día en el que volveriamos de nuevo a la rutina del instituto. De nuevo, las clases, los libros, los estudios y los deberes. No me encantaba la idea, pero al menos, me distraerían de mis problemas. Desayuné y luego, me vestí, sencilla, y en mi mochila puse los libros que tocaban, gracias al calendario del anterior trimestre. Lavé mis dientes, me cepillé el pelo y me despedí secamente de mi tía.
Llegué al instituto y fuí motivo de algunas miradas, se daban la vuelta para hablar con sus amigos o amigas y reírse. No sabía si sería por mí, pero igualmente, no me importaba. No soy nadie para juzgar a nadie, creo que cada persona tiene una historia que contar, y si supieran la mía, no dirían ni la mitad de lo que dicen ahora.

-Hola Raquel- saludó Valentina. Ella era una compañera de clase, era la que mejor me caía de la clase, pero solía ponerse con las demás niñas de mi clase y dejarme sola. Como solía hacer todo el mundo.
-Hola Valentina-respondí.
-¿Qué tal lo has pasado en las vacaciones?-preguntó ella mirando a todos lados distraída.
-Pues normal, como siempre, ¿y tú?
-Pues yo super bien, he ido de compras con mis amigas unas cuántas veces y mis padres me llevaron a Los Pirineos-me comentó ella. Tenía mucha suerte. Ojalá sepa apreciar la suerte que tiene.
-Me alegro-dije yo intentando llegar a clase. Pero ella interrumpió mi paso.
-¿Y no has conocido todavía a algún chico?-preguntó interesada. Seguro que contaría lo que lleva con su novio Derek, aunque no me emocione mucho aquel tema.
-Pues en verdad, he conocido a un...
-¿Quién es ese?-me interrumpió ella.

De repente, me dí cuenta. Miré a el lado en que los ojos de Valentina lo hacían, y lo ví. ¿Qué hacía él aquí?, me preguntaba. Me miró con una sonrisa traviesa en sus labios y entró a su respectiva clase justo al lado de la mía. No podía creerme que estuviera en el mismo instituto que yo. A ver, de cientos de institutos que hay, ¿elige este?¿En serio?, algunas veces creo que la vida está en mi contra.

-¿Y esa sonrisa?¿Lo conoces?-preguntó ella sonriendome interesada en el tema. Seguro que quería a Zayn como presa de sus encantos.
-Sí, lo conocí hace unos días.
-¿Y qué sois?¿Amigos?
-Sí, supongo.
-Perfecto.
-¿Por qué?
-Nada. Bueno, ¿qué estabas diciendome?
-Nada, una tontería...
-Vale, entremos a clase.

Hicimos lo que ella había dicho, y en pocos segundos ya había encontrado mi sitio. El profesor de Literatura entro por la puerta acompañado de.. ¿Zayn?¿Qué hacía aquí en mi clase?

-Alumnos, os presento a un nuevo alumno de este instituto que estará con vosotros. Espero que sea bien recibido. Se llama Zayn Malik-anunció el profesor.
-Hola Zayn-dijo Valentina con su voz de pija. Sus amigas reían detrás de ella.
-Hola Raquel-me saludó él con la mano. Yo me sumergí en mi asiento siendo víctima de las risas y comentarios de mis compañeros.
-Veo que ya se conocen, ¿no, señorita?-preguntó mi profesor.
-Sí, es un conocido-respondí.
-De acuerdo. Ya puede irse-le ordenó a Zayn. Él salió por la puerta sin mirar atrás.

Las tres primeras horas fueron una tortura. Sinceramente, Literatura, Naturaleza y Matemáticas no eran mi fuerte. Las horas pasaron muy lento y solo quería que llegara la pausa del recreo para descansar. ¿A quién le interesaba lo que era un polinomio?
Salí de la clase en busca de algún asiento libre en el campo o en algún lugar para sentarme mientras bebía un pequeño zumo que me había traído.  De repente, siento una pequeña presencia a mi lado que me asusta.

-¿Con que conocidos, eh?-preguntó aquella voz masculina que tanto me gustaba.
-Así es.
-¿Eso quieres?¿Ser solo conocidos?
-Estamos mejor así, tú a tu lado y yo al mío-respondí.
-No te hagas la dura.
-Lo soy.
-No lo eres, eres débil, solo intentas aparentar ser fuerte para que no puedan hacerte daño. Sé lo que es eso- contestó. Me sorprendió aquella respuesta. ¿Cómo sabía eso?¿Leía mi mente?
-No puedes decir como es o no una persona por su apariencia.
-Te conosco. Aunque creas que no, sé cómo eres, estos días me sirvieron para pensar en lo mucho que has sufrido para comportarte así.
-¿A sí?¿Y qué has pensado?
-Que te ha afectado la muerte de tus padres, que no eres la misma desde que se fueron y que no quieres que nadie lo sepa. ¿He acertado?
-Puede ser-dije. Pero sabía que tenía la razón.
-Sabes que he acertado pero no quieres decirmelo-rió. No sé cómo, pero me contagió la risa y en cuestión de segundos, los dos estabamos riendo.
-Sí, tienes razón.
-¿Y por qué no quieres que lo sepa?
-Por que no quiero que sepas lo que me pasa.
-Pero, ¿por qué?¿Tan malo soy?
-No, no eres malo. Si no que, no estoy lista para contarle a nadie mis sentimientos, ni lo que pienso.
-Entiendo-suspiró.-¿No crees que esto era más fácil que gritarme aquella noche?
-Lo siento de verdad, reaccioné muy rápido sin pensarlo-dije riendo. Él me dedicó una sonrisa. Yo hize lo mismo. Nos quedamos mirando unos instantes, algo que me pareció incómodo, ya que ninguno de los dos sabía que decir.
-Tienes una sonrisa preciosa-dijo. De repente, sonó la campana que significaba otras tres horas de nueva tortura antes de ir a casa.
-Me tengo que ir-dije.
-Adiós-se despidió él. Recogí mi mochila y me dirigí a clase.

Las horas volvieron a pasar, minuto a minuto, segundo a segundo. Estaba pendiente del reloj para salir de una vez. Seguía sin poder creermelo, ¿en serio me había dicho que tenía una sonrisa preciosa?, no me lo creo. Ojalá tuviera una máquina del tiempo y repetir ese momento una y otra vez. Pero, si él supiera lo perfecta que es la suya...
Llegó la hora, me dispuse a salir caminando del instituto hacia mi casa, pero alguien tocó mi hombro y volví la cabeza hacia atrás para ver quién era.

-¿Te acompaño hasta tu casa?-preguntó él. Yo asentí con la cabeza y él me sonrió. ¿Por qué su sonrisa era tan increíble?, supongo que nadie tenía la respuesta a esa pregunta- Odio las clases- dijo intentando sacar tema de conversación.
-Yo también-reí.
-¿Por qué te ríes?
-Porque se vé que no tienes otro tema de conversación.
-A ver, inténta sacar otro tema tú, listilla.
-Pues no sé, ¡Qué buen tiempo hace!-reí sarcásticamente. Él reía a carcajadas por mi estupidez.
-Eres tonta.
-Seguro que saco más nota que tú en todas las asignaturas.
-Imposible.
-¿Apostamos?
-Venga, si gano yo, me debes un beso. Y si ganas tú, me debes un beso-dijo él. Mi sonrisa cambió a una cara sorprendida. ¿Me estaba pidiendo que le bese?-Perdón, no quería molestarte, solo era..
-No, no pasa nada. Esta bien.
-¿Apuestas?
-No.
-¿Por qué?
-Por que de las dos maneras ganas tú-reí.
-Porque no quiero arriesgarme-dijo él. El ruido de los árboles se escuchaba chocando contra los árboles, era hermoso. La luz del sol, hacían que sus ojos brillaran, y mi pelo resplandeciera.
-¿Arriesgarte por qué?
-Por que de verdad, quiero ese beso.

martes, 7 de enero de 2014

Capítulo 3. "Te quiero"

Sam y yo, sentados en el viejo sillón de casa, mientras él descansaba a mi lado, yo intentaba terminar aquel libro que tanto me gustaba. Quería saber lo que pasaba entre ellos dos, si se quedarían juntos, si por fin se darían aquel beso que tanto esperaban ambos, o simplemente sería otra historia que no funcionaría.
Observaba las últimas páginas de aquel libro, quedaba menos de lo que esperaba. Sinceramente, tenía miedo de saber el final, y que acabara el libro... Pero de repente, sonó el reloj. Ya era la 1 en punto. Debía entregarle el libro a la chica de la libería, si no, no volvería a confiar en mí.

-Sam, despierta-le pedí a mi perro para poder salir inmediatamente. Él levantó su cabeza, y se puso después de unos segundo de pie, le puse su correa y salimos de casa para recorrer la calle hasta aquella biblioteca. Dejé a Sam atado con la correa en la farola, al igual que esta mañana.
Finalmente, llegué y la chica se alegró al verme.

-Muy puntual-sonrió cogiendo aquel libro que todavía no había terminado.
-Sinceramente, no terminé de leerlo. No quería saber el final-reí.
-Pues creo que te va a sorprender. Todas las historias tienen un final asombroso-dijo ella mientras guardaba el libro en su respectivo lugar de la librería.
-Ahora me dejastes con las ganas de terminarlo.
-Puedes venir mañana a la misma hora, si quieres.
-Me encanta la idea. Entonces, ¿mañana a la misma hora?-pregunté para asegurarme.
-Sí, claro.
-Muchas gracias, hasta mañana-agradecí y me dispuse a irme con Sam. Llegamos a casa y allí estaba mi tía en la mesa, tenía mal humor, y eso me preocupaba cada vez más a cada paso que daba.
-¿Dónde estabas?-me preguntó ella seria.
-Fui enseguida a devolver el libro a la librería, querían que lo fuera a llevar a la una-le expliqué intentando que no me pegara como ya lleva varias veces desde que ya no estaban mis padres.
-¿Y qué te dije? Que llegaras antes de la 1 , ¿no?
-Sí, pero es que no...
-No hay pero que valga, te juro que como vuelvas a mentirme y venir tarde, ese perro se larga de casa-dijo ella.
-¡No puede irse, Sam es mi amigo!-grité sin más. Sinceramente, no aguantaba como me trataba. Pero, supe que me arrepentiría de haberle gritado cuando su mano golpeó mi cara fuertemente haciendome caer en el piso.
-¡Te he dicho mil veces que no me grites, niñata insolente!-exclamó ella. Una lágrima salió de mis ojos sin esperarmelo y mi instinto me insitó a huir de aquel lugar y encerrarme como hacía siempre en mi habitación. Me tiré en la cama boca a bajo escondiendo mi cara en la almohada sin parar de llorar. Me dolía muchísimo la mejilla. Al tocarla, me ardía. Fue un golpe muy fuerte. Pero, ¿en qué piensa esa mujer?, Solo quiere hacerme la vida imposible desde que vivo con ella. Solo quiere que haga lo que ella desea, en ese mismo momento y como ella quiera. Disfruta viendo como me golpea la cara y como me grita sin razón alguna.
Mi vida siempre ha sido así, nunca he podido confiar en que algo bueno me pase nunca, ya que no me ha pasado. Aquel chico se irá, al igual que ya lo ha hecho todo lo bueno que hubo alguna vez en mi vida.
Espero llegar unos cuántos años más, y poder salir de este infierno de casa y poder tener mi propio hogar, mi trabajo, y mi vida cambie al menos en algo, porque desde hace siete todo ha sido día tras día las mismas cosas, mismas personas, mismas peleas, mismas tareas.. Día tras día, durante siete años. Y solo tengo quince años.

-Raquel-me llamó mi tía desde detrás de la puerta. Yo no quise contestarla. Ella entró a mi habitación y me miró detenidamente- Esta noche iremos a una cena de Navidad que celebran todos los vecinos en la comunidad. Vas a venir conmigo.
-¿Pero por qué?, Yo no quiero ir a esa fiesta.
-Pues porque lo digo yo. Te pones una ropa que tengas aquí, porque no pienso pagarte ningún traje de esos para que parescas una niña pija-se molestó en decirme mi "amable" tía.
-No me gustan los trajes.
-Mejor, no iba a comprartelo. Ah, y hablando de comprar. No he podido comprarte ningún regalo esta Navidad, con el dinero de mi trabajo, me compraré la próxima semana un coche nuevo-dijo.
-No pasa nada-dije. No sabía por qué se molestaba en decirmelo si a los ocho años me estropeó la ilusión creyendo que me había portado mal, pero año tras año, nunca me trajeron nada.
-Gracias por comprenderlo. Bueno, limpia la casa, y friega el almuerzo o haz algo porque hasta las nueve no salimos de casa. Yo voy a ir a arreglarme un momento a la peluquería, no te muevas de aquí-me pidió ella.

Oí como sus tacones golpeaban en piso mientras se disponía a irse, y cerró la puerta. Yo hize lo que ella me había me había pedido, no eran más que las cuatro de la tarde, así que cogí la escoba y barrí poco a poco la casa, estaba llena de polvo, el piso tanto como los muebles. Sam me acompañaba a cada paso. Era un poco aburrido barrer sin música, pero no podía ponerla por qué mi tía no me dejaba, decía que la música era molesta. Tardé un poco en fregar, ya que no me gustaba nada limpiar lo que ella comía, ya que comia bastante.
Después de hacer mis tareas, quise mirar mi ropero, aunque no hubiera casi nada de ropa. Me senté en mi cama y miré las únicas piezas de ropa que tenía.
-¿Qué puedo ponerme, Sam?-pregunté sin saberlo aún. Él soltó un pequeño sonido y acostó su cabeza encima de sus pequeñas patas- Lo tomaré como un no sé-reí.
Volví a mirar y decidí ponerme un pantalón vaquero largo con una camisa de manga larga de color celeste. Arreglé mi pelo y me puse mis viejas All-Star. Igualmente, no habría nadie que me interesara. Ya eran las ocho y media y mi tía no volvía de la peluquería me senté en mi cama a esperarla con Sam, ya que no quería que viera la televisión entre semana, porque me desconcentraba de mis estudios. Aunque estuviera en vacaciones. Lo que me recordaba que ya la próxima semana, volvería de nuevo.
Tocaron la puerta y me dirigí a abrir. Era mi tía.

-Venga, vamonos ya a la fiesta, están todos los vecinos abajo-me avisó ella y cerró la puerta dejando a Sam en mi habitación.
-Espera, quiero bajar a Sam.
-¿Estás loca?, Ese animal lo único que daría sería escándalos, pelos y pulgas.
-Él no es así, sabe comportarse.
-Oh, entonces es igual que su dueña-ironizó mi tía agarrandome de los hombros para que no subiera a buscarle. Escuchaba como Sam se sentaba detrás de la puerta y eso me ponía mal. Mi perro siempre me acompaña a todo, es mi mejor amigo.
-Déjame buscarle, por favor.
-No, ya vamos a llegar.
-Pero quiero que venga conmigo. Es mi amigo.
-Mira que eres infantil. ¿Amiga de un perro?, ¿Ahora me dirás que es tu único amigo, no?-rió ella sarcásticamente.
-Pues sí, él es el único que está ahi siempre.
-Yo he estado siempre desde que eras una mocosa, te he acogido en mi casa, ¿así me lo pagas?
-No has hecho nada bueno en mi vida.
-Te he dado a ese perro, te he dado un hogar. Eres una desagradecida.

Decidí dejar aquel tema ya que ya habíamos llegado a aquella fiesta en la comunidad. Nos sentamos en aquella mesa llena de comida.
-Y que no se te ocurra comer mucho, no vayas a ponerte gorda-me decía mi tía al oído para que nadie la escuchara. ¿En serio hablaba en serio?, Yo para mi edad era demasiado flaca, ella no lo era, ella comía demasiado, no sé de que me hablaba.
Pasó el rato y ya extrañaba a Sam. Pero de repente Princesa, corrió hacia mí de la nada y detrás su dueño, al que no me esperaba para nada ver.
-Perdón, Me arrastró hacía aquí-rió él.
-¿Qué haces aquí?-le pregunté ignorando el tema anterior.
-Mi madre me hizo venir a la fiesta de la comunidad, supongo que a tí tu tía también, ¿no?
-Sí.
-¿Y Sam?
-No me ha dejado traerlo.
-¿Por qué?
-Decía que quería que descansara, que habíamos salido hoy y no quería que se pusiera malo-le mentí intentando no acabar hablando de ese tema.
-Tiene razón. Pero estos perros nunca se cansan.
-Lo sé.
-Bueno, solo quería decirte que siento mucho lo de hoy, no era para nada mi intención ponerte nerviosa. Quiero que nos llevemos bien, sin ningún malentendido.
-No, no pasa nada.
-Al menos dejame empezar de nuevo.
-Vale-reí.
-Bueno, dime, ¿cómo te llamas?
-Raquel, Raquel Mendoza, ¿y tú Zayn, verdad?
-¿Cómo lo sabes?-preguntó sorprendido.
-Te dejastes un colgante en el suelo con tu nombre escrito en la inscripción, ¿te lo traigo?-pregunté.
-Ah, es verdad. No pasa nada, ya me lo darás.

martes, 31 de diciembre de 2013

Capítulo 2. "Te quiero"

Esa misma noche, llegué a casa. Mi tía estaba acostada en el sillón, viendo una serie en la televisión. No quise molestarla así que entré a mi habitación. Sam fue a beber y comer algo en el cuenco de la cocina y luego, se dirigió hacia mí. Yo ya me había puesto un pijama, que ya me quedaba pequeño, pero mi tia todavía no me compraba pijamas o ropa nueva. Decía que "hay que ahorrar lo máximo posible".
Mi cama ya no era para una niña de mi edad, también chillaba un poco al poner tu peso en ella, pero "no podemos comprar muebles nuevos, cuestan mucho". Me acosté en ella con mis brazos sujetando mi cabeza. Me limité a mirar el techo. Desde fuera se escuchó un ruido muy fuerte, como si fuera un fuego artificial, y el pobre Sam, se asustó y comenzó a ladrar. Intenté calmarlo. Pero no podía explicarle lo que era ya que mi tía me obligaba a no abrir las ventanas , ya que "la luz le molestaba" y si quería ver la luz "saliera al parque".
No sabía el motivo para que sonaran de repente unos fuegos artificiales, pero conseguí que Sam se calmara y lograra dormirse en el suelo. Como adivinaréis, mi tía dice que los perros no necesitan cama.

-Buenas noches, Sam-dije, le acaricié la cabeza y me giré para poder dormirme cómodamente.
Suspiré e intenté no pensar de nuevo en aquel chico. Sí, ¿cómo se llamaba?, Ah, sí, Zayn.
Nunca había escuchado ese nombre en mi vida. Parece esconder muchos secretos, pero igualmente, había algo en él que me hacían querer descubrirlos. Seguramente, no lo volveré a ver nunca más, así que intentaré olvidarme de él lo más rápido posible.
Quedé dormida al rato de estar pensando en todo lo que había pasado, pero, el despertador a las 8 de la mañana de mi tía me levanta cada día. Era un tormento. Ahora saldría a correr después de desayunar y yo aprovecharía para salir a la biblioteca a leer aquel libro que tanto me gustaba.
Me lavé la cara, y después de cambiarme a por una ropa, más o menos cómoda, fuí hacia la cocina. Mi tía estaba en la mesa, comiendo sus tostadas y su leche con cola cao. Lo que yo me tendría que preparar ahora.

-Buenos días, ¿no?-preguntó ella.
-Buenos días-dije sin ánimos.
-Te estás volviendo una maleducada.
-No soy maleducada. Me he levantado muy cansada.
-Claro, porque ayer volvistes tarde. Y hablando de eso, ¿dónde estuvistes?
-Sabes que voy a pasear a Sam al parque todos los días.
-¿Y por qué esta vez te demorastes tanto?
-Pues porque quise estarme más tiempo.
-¿No habrá algún chico allí abajo, verdad?
-No, tía.
-Como vuelvas a venir a esa hora, estarás castigada sin sacar al perro en un mes.
-Pero tía, los perros necesitan salir para hacer sus cosas, no pueden estar encerrados. Se agobian..
-Bla, bla, bla... ya está dicho, el perro se quedará como vuelvas a esa hora.
-Pero él no tiene la culpa.
-Pues saldrá él solo.
-Se escapará, o lo podría coger un coche.
-Pues no llegues a esa hora para que el perro ese no salga solo de aquí, porque como te vea con un chico, te lo quito. No se habla más, ¿entendido?-me dijo ella. Me dirigí hacía mi habitación a punto de llorar. ¿Esa mujer no entendía que Sam era mi mejor amigo?¿Qué no tenía a nadie excepto a él?, No era justo lo que hacía. Nada justo. ¿Ahora entendéis por qué no me encantaba quedarme con ella?
-¿A dónde crees que vas?
-A mi habitación.
-¿Sin desayunar?, Anda, ponte la leche y las tostadas.
-No tengo hambre, tía.
-Ya te he dicho que no me llames tía, me llamo
-Lo siento,
-Venga, a desayunar.
-Ya he dicho que no tengo hambre.
-Pero bueno, ¿quién te enseñó a ser tan maleducada?
-No soy maleducada.
-Desde luego yo no he sido. ¿Qué dirían tus padres si estuvieran aquí?
-¡Pero no están!-le grité y me encerré en mi cuarto con un gran golpe de puerta. Era una bruja, ¿qué pretendía estar toda la vida detrás mía diciendome lo que tengo que hacer y quitandome lo que me quedaba a cada paso?, Si me llega a quitar a Sam, me moriría. Es mi mejor amigo, el único que estuvo allí cuando mis padres no estaban. Me escuchaba siempre. Vamos a casa y salimos juntos, no me imagino la vida sin él. Sonará cursi, o sonará de una niña tonta, pero él es que estuvo ahí como un hermano, y lo cuidaré siempre. No voy a permitir que esa bruja me quite a Sam, ni que lo suelte por ahí para que le pase cualquier cosa.Antes que eso, me voy de aquí.
Sam se acercó a mí y se sentó a mi lado apoyando su cabeza en mis pies y yo le acaricié. Yo sabía que él también sabía lo que estaba pasando ahora mismo.

-No voy a dejar que nos separen nunca, amigo-le dije. Él levantó su cabeza y se tiró encima mía para lambiar mi cara. Yo comenzé a reír fuertemente.

-Raquel, ¿qué pasa ahí dentro?
-Nada-dije sin poder parar de reír-Para, Sam-le pedí poniendome de pie. Mi tía entró en la habitación y me miró de mala manera.
-Me voy a correr, si vas a salir, ven antes de la una para comer-dijo ella. Ví como se iba y cerraba la puerta con un duro golpe. Yo le puse la correa a Sam y quise salir con él a aquella librería de en frente. Quería terminar de leer aquel libro. Pero, ¿donde dejaba a Sam?, Tendría que comprar el libro, pero no tenía nada de dinero.
-Bueno, amigo, creo que dejaremos lo de la librería para otro momento, cuando sea mayor y tenga un empleo-intenté reír. Él se soltó de la correa y fue a la pequeña mesa de mi habitación. Cogió el colgante de aquel chico, Zayn y me lo dió en mis pies para que pudiera cogerle- Eso es, Zayn-exclamé. Salimos de casa para ver si había alguien en el parque. Pero no, no había nadie.
-Lastima Sam, aquí no está. Vamos a casa-le dije. Mi perro no se dió por vencido y no quiso irse de aquel sitio- Espera, vamos a ver si el chico o la chica de la libería me lo presta.
Corrimos hacía la otra punta de la calle mirando si habían coches y dejé a Sam atado a una farola con un nudo.
-No te muevas de aquí, amigo. ¿vale?-le pedí y acaricié su cabeza. Entré a la librería y ví a la chica allí en el mostrador.
-Hola-saludó ella.
-Hola, quería consultarle algo.
-Dígame.
-Bueno, no tengo nada de dinero y tengo a mi perro atado a fuera. Me preguntaba si..
-¿Te puedo dejar el libro de la última vez para terminarlo?-terminó mi frase, algo que me sorprendió.
-Eso mismo-reí.
-Pues claro que sí. Eres muy buena clienta a esta librería.
-Muchas gracias, en serio. Se lo traigo antes de la una-le avisé. A ella le pareció bien, me dió el libro y pude salir de la librería. Sam me esperaba sentado.
-Ya vine, Sam. ¡Me dejaron el libro!-exclamé. Él se alegró por mí, lo notaba en su mirada y en como sacaba su lengua moviendo su cola. Lo desaté de aquella farola y fuí hacia el parque para sentarme en el banco.
Abrí el libro e intenté averiguar por qué página me había quedado. Y la encontré, siempre dejaba la punta doblada para no perderme. Empezé a leerlo, hasta que sentí a alguien sentarse a mi lado.
Me sorprendió que fuera ese chico de nuevo. Me dedicó una sonrisa, y yo hize lo mismo.

-Hola-saludó él.
-Hola.
-Volvemos a vernos-dijo él.
-Eso parece-reí. Él se detuvo a mirar el libro que estaba leyendo.
-No me digas que estás leyendo ese libro-se sorpredió y de su bolso, rápidamente, sacó ese mismo libro.
-¿Lo tienes?-reí yo al verlo.
-Claro, me encanta este libro. ¿Por qué página vas?-preguntó.
-Voy por cuando la... 396-le dije.
-Lees rápido-rió él- Yo todavía por la 257-me dijo.
-Me encanta leer.
-A mí me gusta leer y escribir-me comentó.
-¿También escribes?-pregunté.
-Sí, estoy empezando una novela en el ordenador de mi casa-dije.
-¿Y la vas a publicar cuando la termines, no?
-No sé, no tengo tanto dinero. Si quieres cuando la termine, te dejo leerla.
-No tengo ordenador-reí.
-Pues podría imprimirla, creo.
-Eso estaría bien. ¿Y de qué va?
-De un chico y una chica, se conocen un día y.. Lo típico-rió sin dar más datos.
-¿En dónde se conocen?
-Pues.. En un parque-sonrió tímido. No sabía por qué lo hacía, pero mi intuición me decía que hablaba de mí. Pero no quería saberlo. Así que decidí marcharme de ahí y leer el libro en mi casa.
-Bueno.. Me tengo que ir, voy a leer el libro-busqué una escusa para irme. Me levanté y me agarró suavemente el brazo. Yo me deshize de su agarre y lo miré.
-No te vayas, por favor. Quédate.
-¿Para qué?
-¿No te habrá molestado lo de mi novela?
-¿El qué?
-Nada, déjalo-intentó esquivar el tema. Pero él mismo había entrado en él, así que, no tenía excusa.
-No, dime.
-Es que no tenía mucha inspiración, y me ayudastes a crear esa novela que llevaba tiempo queriendo hacer. Pero no eres tú esa chica, es otra. Es decir, no existe. Bueno, si existe..-quería explicarse pero cada palabra la estaba fastidiando más.
-Da igual. No hace falta que me expliques nada, solo somos conocidos. Nos conocimos ayer, no tienes por qué explicarme quién es la chica de tu novela.
-Pero, no..
-Tengo que irme-dije cogiendo la correa de Sam y llendome hacía mi casa. Se me hacía un poco raro todo esto. No sabía si sentirme alagada, si esto era extraño... Lo único que sabía es que por alguna razón inexpicable, lo que hizo por mi me parecía, no sé... Tierno. Cuando me pidió que me quedara, agarrandome del brazo, recordandome aquella escena tan dulce del libro. Me hizo pensar que ese chico no sería un simple conocido toda mi vida. Me hizo pensar que de verdad, quería quedarme. Pero no estoy acostumbrada a que me pasen cosas buenas, así que siento como si todo esto fuera un sueño y debo huir de él. Puede sonar patético pero desde que tengo ocho años, nunca me ha sucedido nada bueno en la vida, y desde ayer, tuve algo diferente en qué pensar. Pude notar una sensación extraña en el estómago. Comenzaba a experimentar la frase de sentir "mariposas en la barriga" por primera vez. Nunca nadie me hizo sentir eso. Nunca nadie con una sonrisa, me hizo corresponderle con lo mismo. Nunca nadie me hizo ponerme nerviosa con una mirada. Pero, también me hizo pensar que, a lo mejor no era yo la chica de la que hablaba en su novela. A lo mejor hablaba de otra, seguro que está enamorado de otra chica y todo esto sería un engaño, como siempre ha sido mi vida. Una mentira.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Capítulo 1. "Te quiero"

Sentada en aquel viejo banco, acostumbrada al ruido de los árboles. Acostumbrada a el helado invierno de Australia, a el canto de los pájaros, a la suave brisa. Me senté en aquel viejo banco, donde me sentaba desde que era una niña. Mis padres me llevaban aquí cada semana y se sentaban conmigo para ver el atardecer en este parque. Desde que ya no están, vuelvo cada día, recordando como mi padre leía el periódico justo a mi derecha. Discutía conmigo sobre quién ganaría el partido de la semana. Y mi madre a mi izquierda con una barra de pan, y me daba una mitad a mí, para tirarle migas a las palomas.
Luego solíamos ir a la cafetería de en frente, nos sentabamos en la mesa pequeña de al lado de la ventana y pedía un croussant, mentras ellos pedían un café y me pedían que les pusiera el azúcar..
Pero un día, al coger el coche el coche para irnos a casa.. Ocurrió.
Un coche se saltó un semáforo en rojo y chocó contra nosotros. Conseguí sobrevivir después de una fractura de costilla. Pero mis padres, no lo hicieron.
 Desde aquel día, vivo con mi tía. No es algo que me encante pero, es mi única familia. Aquel día, ella me regaló un pequeño cachorro, creyendo que con eso, mejoraría mi estado de humor. Pero no lo hizo.
Sam, así se llama mi perro, ha sido como mi mejor amigo estos años. Es el único que ha estado ahí siempre. Me ha acompañado en cada momento y ha estado a mi lado cada día. Era el único con que podía hablar de mis problemas y el único que me escuchaba. Comenzaba a entender por qué los perros son el mejor amigo del hombre. Pues, gracias a él, conseguí tener a alguien con quien poder pasar el resto de mis días. Porque por ahora, si no fuera por Sam, estaría sola. Y gracias a él, no lo he estado desde el día que me quedé huerfana.

Noté como alguien se sentaba al otro lado del banco. Tenía un perro de la misma raza que el mío, pero a juzgar por la correa atada al collar rosa, supuse que sería una hembra.
Sam se dirigió a ella y comenzó a ladrarle sin parar.

-Sam, para. No le ladres-le pedí a mi perro mientras lo acercaba hacía mí. El chico reía.
-No pasa nada. Princesa también era así hace un tiempo-dijo el chico de ojos castaños.
-¿Princesa?-pregunté extrañada.
-Sí, así se llama mi perra. Le puse así porque ella lo es-sonrió. Yo imité su gesto timidamente. No me gustaba hablar con extraños, pero parecía como si ya le conociera.
-Es un nombre muy bonito-contesté.
-¿Y el tuyo se llama Sam, no?-preguntó aún sonriendome. Tenía una preciosa sonrisa. Era realmente guapo.
-Sí, ¿cómo lo sabes?-pregunté.
-Le llamastes hace unos segundos-rió. Yo le imité. No sabía cómo lo había hecho, pero hacía mucho tiempo que nadie me hacía reír.
-Es verdad.
-¿Y cuándo te regalaron a tu perro?-me preguntó interesado en el tema. Sus grandes ojos de color castaño, me distraían de la conversación.
-Pues, hace unos siete años-dije.
-¿Tus padres te dejaron tenerlo?, A mí me costó muchísimo-rió.
-Ellos no fueron los que me lo regalaron, fue mi tía-dije.
-¿Y a tus padres les pareció bien?-volvió a preguntar. La verdad no me gustaba tocar ese tema, no me gustaba tener que responder a estas preguntas y luego, sientan lástima de mí.
-Ellos no están-intenté esquivar el tema.
-¿Se fueron de viaje?
-No, si no, que no están..
-Ah, entiendo-dijo entiendo lo que le trataba de decir- Lo siento mucho, no pretendía..
-No, no. No pasa nada.
-En serio, no quería molestarte con mis preguntas absurdas-dijo él.
-No, en serio, no son absurdas. Entiendo que lo haigas preguntado.
-Yo también he perdido a mi hermana hace unos años.
-¿Qué le pasó?-pregunté sorprendida. Debería de pasarlo fatal.
-Pues nació con una enfermedad, no pudimos tratarla-explicó.
-Lo siento mucho.
-No pasa nada. ¿Y tus padres?¿Qué les pasó?
-Un accidente de coche-resumí.
-Yo también lo siento.
-No pasa nada.
-Bueno, no nos deprimamos-dijo intentando levantarme el ánimo.
-¿Y por qué has venido hoy con tu perro?-pregunté. He venido todos los días y hasta hoy, no lo había visto.
-Pues, nos hemos mudado y me ha gustado este parque. Tiene mucho espacio para que los perros caminen.
-Sí, la verdad que sí-sonreí al igual que él, al mirar como nuestros perros jugaban juntos en el cesped.
-¿Y tú por qué has venido aquí?
-Vengo aquí desde que era una niña, con mis padres.
-Yo solía ir con mi madre a un parque de pequeño, siempre me compraba un helado a mí y a mi hermana. Ella me tiraba una pelota y yo iba detrás de ella-los dos reímos juntos.
-Yo luego iba con mis padres a la cafetería y me encantaba ponerles el azúcar y molestarle a mi padre diciendole que iba a ganar el equipo que no le gustaba.
-Y yo jugaba con mi hermana al 'veo, veo' sentados en el banco. Y cuando se hacía de noche contábamos las estrellas-contó. Los dos no parabamos de reír con las antiguas anécdotas.
-Supongo que no olvidaremos nunca nuestro pasado-dije.
-No quiero olvidarlo.
-Yo no lo haré nunca.
-Y bueno, ¿donde vives?-me preguntó.
-Vivo en esta calle de aquí-le señalé-la segunda casa. ¿La ves? La de color azul.
-Sí, la veo.
-¿Y tú donde vives?
-Pues dos calles más atrás. En una casa naranja.
-¿Allí no vivía una anciana hace un tiempo?-pregunté.
-Sí, era una amiga de la familia de mi madre, nos pudo dejar su casa.
-¿Y qué les hizo mudarse aquí?-volví a preguntar curiosa. No quería molestarle, solo que por alguna razón inexplicable, me interesaba saber sobre su vida.
-Pues, hace un par de años mis padres se separaron y ahora vivo aquí con mi madre.
-Lo siento. Si no quieres seguir hablando de esto, pasamos de tema-dije.
-No, no pasa nada. Cuando deja de haber amor en una relación, ya no tienen por qué estar juntos.
-Si el amor se fue, es por que nunca estuvo de verdad.
-Si el amor se va, es por que nunca se cuidó lo suficiente-me corrigió él.
-Creo que tienes razón-dije. Él rió- ¿Eres un experto en el amor, no?
-No soy ningún experto, sólo me gusta-me miró y a la vez me sonrió. Yo lo miré detenidamente y reaccioné a hacer lo mismo.
-¿Te gusta el amor, eh?-pregunté.
-Supongo que el amor es el sentimiento más grande que puede haber en el mundo-contestó. Pensaba exactamente lo mismo. Era casi igual a una de las frases de un libro que había leído hace poco.
-Pienso lo mismo.
-¿Quién no ha sentido amor alguna vez?-rió.
-Hay dos clases de amor-dije.
-¿Cuáles?-preguntó sin entenderme.
 -Pues, por ejemplo, no es el mismo amor el que sientes por tus padres o tu familia, que el que sientes por la persona con la que quieres pasar tu vida, ¿entiendes?-intenté explicarme. Creo que nunca había hablado de esto con nadie.
-Puede que tengas razón, pero de las dos maneras, quieres, amas y darías la vida por esas personas. Eso es amor.
-Tiene su lógica-reí esta vez yo. Era muy encantador para ser un chico más o menos de mi edad. Era todo un caballero. Pero mis miedos me impedían volver a confiar en nadie, así que no quise hacerme ilusiones con ese muchacho y decidí tomarlo como un conocido. Ni siquiera sabía su nombre y seguro que nunca más lo volvería a ver.
 -Pues, ya se está haciendo la hora de cenar. Me tengo que ir. ¿Ya nos veremos, no?
-Sí, ya nos veremos.
-Adios.
-Adios-me despedí de aquel chico y de su perra "Princesa". Era un chico encantador, realmente guapo. Su pelo era negro, sus ojos casi del mismo color, pero cuando los mirabas con la luz del sol, eran castaños. Y su sonrisa era amplia, cada vez que reía, hacía que yo también lo hiciera. Era una sensación extraña.
No sabía como describirlo. Pero, ¿cómo es que no puedo parar de pensar en él desde que se fue?

-Sam-llamé a mi perro, quién vino a los pocos segundos y se sentó a el otro lado de mi banco-¿Qué me está pasando, amigo?, No puedo estarme enamorando, ¿verdad?-mi perro inmediatamente suelta un ladrido.
-No, Sam, no puedo estarme enamorando de un desconocido, ¿entiendes?, ni siquiera sé su nombre- mi perro se dirgió casi a la salida del parque, y con el pie estuvo escabando un rato por esa zona hasta que cogió un pequeño colgante del suelo.
Se dirigió hacía mí y me lo dió en mis piernas. Lo cogí y miré la inscripción que tenía aquel pequeño colgante de un color semejante al oro. "Zayn"